13.8.09

Harta

Harta de la realidad, harta de los sueños, harta del hastío y del cansancio, de la miseria de la vida moderna y de la dialéctica entre la devastación y el surgimiento de nuevas formas, de vida nueva, de la indisociabilidad de las conductas humanas que oscilan entre el patetismo y el genio, harta del hastío, harta del hastío. Harta de la enfermedad, de la sicosis mental y el estrés, de los viajes de una hora y media y de la indecisión, del no arriesgarse y aceptar toda la mierda, harta del seguir sin ganas, del mecanismo de la mecanización y de la cotidianeidad del aburrimiento, de la rutina, maldita rutina. Harta de la manipulación, del dolor, harta de alegría y ganas, harta de ganas sin sustento. Harta, hasta que harto ya no tiene sentido.

4.7.09

eso que me enseñaste

voy a ponerlo en práctica 

pasado mañana me iré con la luna 

a flotar en las nubes etereas de mi cabeza.

27.5.09

pared

La pared blanca enfrente me provoca una sensación ambigua, de tan blanca se pierde y a mí, inconsciente en la marea de mis cavilaciones que se pudren. La muralla no es más que eso, pero no sé... me atrapa más y vuelve, se viene encima y retrocedo y qué, no hay nada allá, solo más pared blanca y más atrás, más atrás.

5.5.09

sorprendida

Quizás nunca lo entienda, creo que es lo más seguro.
me sorprende lo que siento, y mi calma me deja fría.
no quiero hacer, tampoco deshacer; solo quiero que las cosas pasen
y eso pasa aunque yo no lo quiera...
es tan extraño esto.
Quizás nuca lo entienda, creo que es lo más seguro.

4.5.09

proserpina

Dame una palabra...
y yo te daré dos,
¡oh bailarina!
Y mírate microbio...
en el haz de luz,de Proserpina...
Y es que tu amor es un arco dorado...
tu amor es un círculo mágico...
tu amor es un eco de luz...
y ¿ cómo ajustarlo a tu vida...
una vez más ?
Solo la esperanza,
guía la verdad...
un mediodía...
Cuida de mis alas,
en la ingratitud...
oh, Proserpina...
Y es que tu amor es un arco dorado,
tu amor es un río divino...
tu amor como un árbol de luz...
y ¿ cómo ajustarlo a tu vida...
una vez más ?
Una caja fuerte,y un viejo reloj,
ya no me sirven...
Quiero tus tesoros,ya
hermosa flor...
Oh, Proserpina...!
Y es que tu amor es un arco dorado...
tu amor es un círculo mágico...
tu amor es un eco de luz...
y ¿ cómo ajustarlo a tu vida...
una vez más ?
Spinetta, Proserpina*

RR

Miraba fijamente su dedo, solo porque brillaba. Talvés se puso nervioso el señor. Cuando me di cuenta se notaba un poco incómodo. Después de un rato de pensar en el brillo me fijé que tenía grabado RR. Pensé en cuál sería su nombre... ahí fue cuando creí que podía ser un amigo, que viajó del futuro a mi presente, pero no pude pensar en cuál sería el motivo, porque no me dijo nada, aunque la verdad es que no hablamos mucho.

8.2.09

tris

"Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora"

6.1.09

¡tú!

"Tus labios finos (sic), hermosos y enérgicos"

en la orilla

Nos apartamos con algún pretexto idiota, de esos que son una mentira evidente, pero que nadie entiende en ese momento de la fogata. Todos estaban muy animados; cantaban reían, bailaban, tocaban la armónica...
Caminamos hasta perdernos porque sí, porque queríamos, porque nos esperábamos, porque lo deseábamos. Eramos como niños buscando un lugar seguro bajo la luna. Cruzamos el bosque mientras la luz se volvía más tenue, tus manos nerviosas estaban a punto de lastimarme. te reías tanto, nos reímos tanto de nosotros, de nuestros ojos que se encontraban y ahora se quedaban fijos. Nuestras sonrisas se hicieron una y tu aliento tibio daba a mi cuello.
De espaldas en la arena de pronto no había viento. caminamos tanto que nos perdimos. Solo los dos. El mar y las estrellas como agregados que podrían haber sido cualquier otros, perfectamente inexistentes y quietos. Una quietud bella y perturbadora.
Nuestros besos espesos nos llevaron a volar con la brisa del mar; nos llevaron a esa otra orilla, donde tendimos un lecho entre ropas y ramas desnudas, cuerpos desnudos.

5.1.09

puerta abierta

Ella deja la puerta abierta para ti, mientras sirena estepárica camina triste a tu lado, mientras no la amas.
Piensas en ella y estás acá, queriendo deshacer el tiempo que te llevó a conocerla. La lejanía del viaje te lleva a tardes húmedas que se evaporan con la nostalgia y el humo del cigarrillo que vuela en cámara lenta.
Quieres viajar con los gitanos, yo quiero volver a amar. No te amo y tu no me amas.
Nuestros corazones huérfanos se juntan para sentirse menos solos, pero la miseria de nuestras vidas no se llena con sexo ni películas, el amor no puede ser esto. La embriaguez de la bebida, el bienestar de una brazo que pide ser de otros. Después de todo no tenemos nada. Hay nada y nos abraza más fuerte que cuando querías extinguir tu deseo, confundido amor maldito. No me molestaré en decirlo, las cosas a veces son demasiado evidentes.

29.12.08

placeres veraniegos

En días calurosos, uno de los mejores placeres es refrescar con agua las zonas de mayor tensión nerviosa en el cuerpo; ya que son estas las que producen el mayor placer. Detrás de las rodillas, entre brazos y a los costados del cuello. Caminar rápido. Si hay viento, el agua puesta en estas zonas causa una sensación de placer mucho más aguda, por lo que se recomienda la hora entre 16:16 a 18:17 de los últimos días de diciembre y los primeros 19 del próximo año. Estos días la velocidad del viento hace las condiciones más favorables.

5.9.08

"Una gota de agua poderosa basta para crear un mundo y para disolver la noche. Para soñar el poder, basta una gota imaginada en profundidad. El agua así dinamizada es un germen; otorga a la vida un ímpetu inagotable". *Gastón Bachelard

no te aflijas

No te aflijas: la belleza volverá a encantarte con su gracia;
tu celda de tristeza se trocará en un jardín de rosas.
No te aflijas: tu mal será trocado en bien;
no te detengas en lo que te inquieta,
pues tu espíritu conocerá de nuevo la paz.
No te aflijas: una vez más la vida volverá a tu jardín y pronto verás,
¡oh cantor de la noche! una corona de rosas en tu frente.
No te aflijas si, algún día, las esferas del cosmos no giran según tus deseos,
pues la rueda del tiempo no gira siempre en el mismo sentido.
No te aflijas si, por amor,penetras en el desierto y las espinas te hieren.
No te aflijas, alma mía, si el torrente del tiempo arrastra tu morada mortal,
pues tienes el amor para salvarte del naufragio.
No te aflijas si el viaje es amargo,no te aflijas si la meta es invisible.
Todos los caminos conducen a una sola meta.
No te aflijas, Hafiz,en tu rincón humilde en que te crees pobre,
abandonado a la noche oscura,
y piensa que aún te queda tu canción y tu amor.

*Hafiz. Poeta persa (1325-1390), también conocido como Xems-ed-Din.

http://www.youtube.com/watch?v=TFKJqQQG-A8

el vínculo que me mostró la vale :)

Cristián Warnken recitándolo.

29.8.08

espera

No sé, miro tus ojos y no puedo saber...
Se colman de lágrimas cuando te veo, cuando te encuentro de sorpresa y te incomodas. La rendición nunca fue una opción, pero parece evidente que no queda más que hacer. Tu manía de cifrar todo me vuelve loca, me hace odiarte tanto como desearte, anhelarte. No lo sé, no lo puedo saber. Lo único cierto de un te quiero es que fue dicho; nada resuelven los paseos que inventamos, las caminatas por la orilla, esa otra orilla, nisiquiera las noches abrazados sin querer en la cama de una plaza. Fantasear con un mundo juntos sería gratificante si lo hiciéramos juntos también...
yo no sé si rendirme.

26.8.08

por ti

Puede ser que abandone y que deje de ser como esa vez que saltamos sobre las hojas secas y no te importaba nada aunque no había gente porque aunque no estabas feliz a algo se parecía y nos miramos y reíamos y nos quedamos como tontos contemplando el movimiento de las hojas y el viento, o escuchando como se rompían las hojas con nuestros pies. La foto que te tomé la borré como queriendo borrar algo más, pero claro, acá sigues y la verdad a mi no me parece mal, más ambiguo que yo que es cosa rara y extraña es esta cosa que hay, pero es y me alegro de que sea y no quiero que deje de ser, así que me podrías ayudar. ¿Te tinca?

agradable

Es tan agradable volver a sentir este bienestar, caminar tan anónimamente es una de las mejores cosas que existen, sentir otra vez el viento, pareciera ser que el sentimiento tras de él nunca se cansa, no lo hace porque me toma y me hace tan bien. Libertad de qué, siempre me pregunto, pero es algo mágico, irreal y sorprendente, tan fantástico como yo, siendo obvio que fantasioso es un mejor adjetivo. Tantas sorpresas. Y pensar que a veces me fastidio y quiero olvidar, tratar de volver a nacer pero con una muerte horrible que me recuerde que la muerte no es fácil, tantas muertes y tantas caídas, tantos silencios y tanto orgullo. La vida no puede ser esto, callar no debe ser y no es el mejor camino, decir tratando de que por lo menos algo quede claro. Decir qué. Cómo explicar. Si la sensación es como un dónde- cuándo- cómo- por qué- No. No debería ser necesario decirlo, cierto? Y ahora acá, en mi pecho, es lo de siempre, esas lágrimas en mis ojos no son producto del dolor, ni de la rabia. Pensar en ti me hace tanto bien, es como pensar en mi o mirar al espejo para ver que lo que veo es tan irreal y me encanta. Que cambia a cada segundo y que mira, mira que me hace bien.

18.4.08

*

*

COLINAS COMO ELEFANTES BLANCOS
Ernest Hemingway
Del otro lado del valle del Ebro, las colinas eran largas y blancas. De este lado no había sombra ni árboles y la estación se alzaba al rayo del sol, entre dos líneas de rieles. Junto a la pared de la estación caía la sombra tibia del edificio y una cortina de cuentas de bambú colgaba en el vano de la puerta del bar, para que no entraran las moscas. El americano y la muchacha que iba con él tomaron asiento a una mesa a la sombra, fuera del edificio. Hacía mucho calor y el expreso de Barcelona llegaría en cuarenta minutos. Se detenía dos minutos en este entronque y luego seguía hacia Madrid. —¿Qué tomamos? —preguntó la muchacha. Se había quitado el sombrero y lo había puesto sobre la mesa. —Hace calor —dijo el hombre. —Tomemos cerveza. —Dos cervezas —dijo el hombre hacia la cortina. —¿Grandes? —preguntó una mujer desde el umbral. —Sí. Dos grandes. La mujer trajo dos tarros de cerveza y dos portavasos de fieltro. Puso en la mesa los portavasos y los tarros y miró al hombre y a la muchacha. La muchacha miraba la hilera de colinas. Eran blancas bajo el sol y el campo estaba pardo y seco. —Parecen elefantes blancos —dijo. —Nunca he visto uno —. El hombre bebió su cerveza. —No, claro que no. —Nada de claro —dijo el hombre—. Bien podría haberlo visto. La muchacha miró la cortina de cuentas. —Tiene algo pintado —dijo—. ¿Qué dice? —Anís del Toro. Es una bebida. —¿Podríamos probarla? —Oiga —llamó el hombre a través de la cortina. La mujer salió del bar. —Cuatro reales. —Queremos dos de Anís del Toro. —¿Con agua? —¿Lo quieres con agua? —No sé —dijo la muchacha—. ¿Sabe bien con agua? —No sabe mal. —¿Los quieren con agua? —preguntó la mujer. —Sí, con agua. —Sabe a orozuz —dijo la muchacha y dejó el vaso. —Así pasa con todo. —Si dijo la muchacha—- Todo sabe a orozuz. Especialmente las cosas que uno ha esperado tanto tiempo, como el ajenjo. —Oh, basta ya. —Tú empezaste —dijo la muchacha—. Yo me divertía. Pasaba un buen rato. —Bien, tratemos de pasar un buen rato. —De acuerdo. Yo trataba. Dije que las montañas parecían elefantes blancos. ¿No fue ocurrente? —Fue ocurrente. —Quise probar esta bebida. Eso es todo lo que hacemos, ¿no? ¿Mirar cosas y probar bebidas? —Supongo. La muchacha contempló las colinas. —Son preciosas colinas —dijo—. En realidad no parecen elefantes blancos. Sólo me refería al color de su piel entre los árboles. —¿Tomamos otro trago? —De acuerdo. El viento cálido empujaba contra la mesa la cortina de cuentas. —La cerveza está buena y fresca —dijo el hombre—. —Es preciosa —dijo la muchacha. —En realidad se trata de una operación muy sencilla, Jig —dijo el hombre—. En realidad no es una operación. La muchacha miró el piso donde descansaban las patas de la mesa. —Yo sé que no te va a afectar, Jig. En realidad no es nada. Sólo es para que entre el aire. La muchacha no dijo nada. —Yo iré contigo y estaré contigo todo el tiempo. Sólo dejan que entre el aire y luego todo es perfectamente natural. —¿Y qué haremos después? —Estaremos bien después. Igual que como estábamos. —¿Qué te hace pensarlo? —Eso es lo único que nos molesta. Es lo único que nos hace infelices. La muchacha miró la cortina de cuentas, extendió la mano y tomó dos de las sartas. —Y piensas que estaremos bien y seremos felices. —Lo sé. No debes tener miedo. Conozco mucha gente que lo ha hecho. —Yo también —dijo la muchacha—. Y después todos fueron tan felices. —Bueno —dijo el hombre—, si no quieres no estás obligada. Yo no te obligaría si no quisieras. Pero sé que es perfectamente sencillo. —¿Y tú de veras quieres? —Pienso que es lo mejor. Pero no quiero que lo hagas si en realidad no quieres. —Y si lo hago, ¿serás feliz y las cosas serán como eran y me querrás? —Te quiero. Tú sabes que te quiero. —Sí, pero si lo hago, ¿nunca volverá a parecerte bonito que yo diga que las cosas son como elefantes blancos? —Me encantará. Me encanta, pero en estos momentos no puedo disfrutarlo. Ya sabes cómo me pongo cuando me preocupo. —Si lo hago, ¿nunca volverás a preocuparte? —No me preocupará que lo hagas, porque es perfectamente sencillo. —Entonces lo haré. Porque yo no me importo. —¿Qué quieres decir? —Yo no me importo. —Bueno, pues a mí sí me importas. —Ah, sí. Pero yo no me importo. Y lo haré y luego todo será magnífico. —No quiero que lo hagas si te sientes así. La muchacha se puso en pie y caminó hasta el extremo de la estación. Allá, del otro lado, había campos de grano y árboles a lo largo de las riberas del Ebro. Muy lejos, más allá del río, había montañas. La sombra de una nube cruzaba el campo de grano y la muchacha vio el río entre los árboles. —Y podríamos tener todo esto —dijo—. Y podríamos tenerlo todo y cada día lo hacemos más imposible. —¿Qué dijiste? —Dije que podríamos tenerlo todo. —Podemos tenerlo todo. —No, no podemos. —Podemos tener todo el mundo. —No, no podemos. —Podemos ir adondequiera. —No, no podemos. Ya no es nuestro. —Es nuestro. —No, ya no. Y una vez que te lo quitan, nunca lo recobras. —Pero no nos los han quitado. —Ya veremos tarde o temprano. —Vuelve a la sombra —dijo él—. No debes sentirte así. —No me siento de ningún modo —dijo la muchacha—. Nada más sé cosas. —No quiero que hagas nada que no quieras hacer… —Ni que no sea por mi bien —dijo ella—. Ya sé. ¿Tomamos otra cerveza? —Bueno. Pero tienes que darte cuenta… —Me doy cuenta —dijo la muchacha. ¿No podríamos callarnos un poco? Se sentaron a la mesa y la muchacha miró las colinas en el lado seco del valle y el hombre la miró a ella y miró la mesa. —Tienes que darte cuenta —dijo— que no quiero que lo hagas si tú no quieres. Estoy perfectamente dispuesto a dar el paso si algo significa para ti. —¿No significa nada para ti? Hallaríamos manera. —Claro que significa. Pero no quiero a nadie más que a ti. No quiero que nadie se interponga. Y sé que es perfectamente sencillo. —Sí, sabes que es perfectamente sencillo. —Está bien que digas eso, pero en verdad lo sé. —¿Querrías hacer algo por mi? —Yo haría cualquier cosa por ti. —¿Querrías por favor por favor por favor por favor callarte la boca? El no dijo nada y miró las maletas arrimadas a la pared de la estación. Tenían etiquetas de todos los hoteles donde habían pasado la noche. —Pero no quiero que lo hagas —dijo—, no me importa en absoluto. —Voy a gritar —dijo la muchacha. La mujer salió de la cortina con dos tarros de cerveza y los puso en los húmedos portavasos de fieltro. —El tren llega en cinco minutos —dijo. —¿Qué dijo? —preguntó la muchacha. —Que el tren llega en cinco minutos. La muchacha dirigió a la mujer una vívida sonrisa de agradecimiento. —Iré llevando las maletas al otro lado de la estación —dijo el hombre. Ella le sonrió. —De acuerdo. Ven luego a que terminemos la cerveza. El recogió las dos pesadas maletas y las llevó, rodeando la estación, hasta las otras vías. Miró a la distancia pero no vio el tren. De regresó cruzó por el bar, donde la gente en espera del tren se hallaba bebiendo. Tomó un anís en la barra y miró a la gente. Todos esperaban razonablemente el tren. Salió atravesando la cortina de cuentas. La muchacha estaba sentada y le sonrió. —¿Te sientes mejor? —preguntó él. —Me siento muy bien —dijo ella—. No me pasa nada. Me siento muy bien.

14.4.08

hoy día luna.

Hasta mis lágrimas en estos momentos son más espesas...

corazón.

En estos momentos mi corazón es como una corneta de cumpleaños, de esas que realmente no suenan, sino que se estiran. Como esas, que suenan y se estiran, se retuercen porque son de papel celofán y suenan, explotan, tienen miedo y mueren.